Más de 57 años sostenidos por la fidelidad de Dios.
Poliescol nació del esfuerzo de una familia, pero nuestra historia no se explica únicamente por las capacidades humanas. Reconocemos que Dios puso los recursos en el camino, abrió las puertas y nos ha sostenido desde el principio.
Desde 1969, cada etapa ha sido una oportunidad para trabajar, aprender y administrar responsablemente aquello que Dios ha puesto en nuestras manos.
Esta no es solamente la historia de una empresa. Es un testimonio de la fidelidad de Dios.

Mario Díaz y Amanda Tirado, fundadores de Poliescol.
Una fórmula, 3.500 pesos y la decisión de comenzar.
En 1969, Mario Díaz pagó 3.500 pesos por la fórmula con la que comenzaría el proyecto que años después se convertiría en Poliescol. Como familia, reconocemos que aquella oportunidad y los recursos para dar el primer paso fueron parte de la provisión de Dios.
Junto a Amanda Tirado, Mario asumió la responsabilidad de trabajar, perseverar y administrar aquello que había llegado a sus manos. No tenían todos los recursos ni todas las respuestas, pero Dios fue abriendo el camino.
Ellos dieron el paso. Dios fue delante de ellos.

El año en que comenzó el proyecto.
Una familia decidió dar el primer paso y administrar con responsabilidad la oportunidad que Dios había puesto en sus manos.
El valor de la fórmula que abrió el camino.
Con esa fórmula comenzó el proyecto que, con trabajo y bajo la provisión de Dios, años después se convertiría en Poliescol.
Mucho antes de la tecnología, estuvo el trabajo hecho a mano.
Los primeros procesos se realizaban con herramientas básicas, un tambor, un mezclador y la experiencia que se construía con cada preparación.
El conocimiento no estaba automatizado. Se observaba, se probaba, se ajustaba y se volvía a intentar.
Los recursos eran sencillos, pero cada herramienta, cada persona y cada oportunidad fueron recibidos con gratitud. La familia reconoce que Dios proveyó lo necesario para avanzar etapa por etapa.
Dios proveyó. La familia trabajó. El conocimiento creció.


Una fórmula que comenzó a ganarse la confianza de los talleres.
El resultado fue una masilla reconocida en su época como “Hueso Duro”, punto de partida de una trayectoria de aprendizaje e innovación que hoy se refleja en referencias como Premium, Plastiblack, Prometallic y Polifibra.
La fórmula se fue perfeccionando con experiencia, observación y trabajo. En cada avance, la familia reconoce la sabiduría y la gracia de Dios para aprender, corregir y continuar.
El producto podía mejorar. La confianza no se negociaba.

Evolución histórica de algunas presentaciones de Poliescol.

Los primeros en creer fueron quienes vivían de hacer bien su trabajo.
Los primeros clientes de Poliescol fueron talleres automotrices. Con el tiempo también se sumaron almacenes de pinturas y negocios que comenzaron a acercar los productos a nuevos clientes.
Cada taller, almacén y persona que confió en los productos fue recibido como una puerta que Dios permitía abrir. La empresa creció relación por relación, entendiendo que la confianza debía honrarse.
Esa cercanía permitió conocer necesidades reales, escuchar al mercado y continuar mejorando.
Dios abrió puertas a través de personas que decidieron creer.
Cada venta quedaba escrita.
Las primeras operaciones se registraban a mano. Ventas, cantidades, gastos y movimientos quedaban documentados con una búsqueda constante de orden y claridad.
Los registros conservan la memoria de una empresa que crecía paso a paso, cliente por cliente y pedido por pedido.
Desde esos primeros años existió la convicción de administrar con responsabilidad lo que Dios estaba permitiendo construir.
Lo recibido debía administrarse con orden, claridad y gratitud.

Registro histórico de algunas de las primeras ventas.

Registro histórico de gastos y movimientos.
Cuando entregar también era parte del esfuerzo.
En los primeros años, la mercancía se cargaba en cajas al hombro y los recorridos se realizaban en bus.
La distribución exigía recursividad, compromiso y la voluntad de hacer llegar cada pedido hasta el cliente.
En medio de las limitaciones, Dios sostuvo el proceso y dio fuerzas para continuar. Cada entrega representaba trabajo, sacrificio y gratitud por una nueva oportunidad.

El número que permitió adquirir el primer vehículo para la distribución.
Tiempo después ocurrió una de esas historias que la familia conserva con gratitud: el número 4896 de una lotería permitió comprar el primer vehículo para la distribución.
Más que atribuir el crecimiento al azar, la familia recuerda este episodio como una provisión inesperada de Dios en un momento en el que la operación necesitaba avanzar.
El vehículo facilitó los recorridos, pero fueron la fidelidad de Dios, el trabajo constante y la confianza de los clientes los que sostuvieron el camino.
Hacer las cosas bien también significaba hacerlas con claridad.
Los documentos históricos reflejan una empresa comprometida desde sus primeros años con el orden, la legalidad y la responsabilidad frente a sus colaboradores y clientes.
Registrar, responder y cumplir también hicieron parte de la manera de construir la compañía.
Para la familia, honrar a Dios también significaba actuar con transparencia, cumplir la palabra y responder correctamente frente a las personas.
La fe también debía reflejarse en la manera de hacer empresa.

Documento histórico · Envigado · 1978
Responder por el producto.
Desde el comienzo, uno de los argumentos más importantes fue la confianza. Cuando un producto no respondía como debía, se reemplazaba y la fórmula se revisaba para mejorarla.
Cada dificultad se asumía como una oportunidad para aprender, corregir y fortalecer el producto. Responder por el producto era una manera de honrar la confianza del cliente y reconocer que cada trabajo debía realizarse con integridad delante de Dios.
La calidad no era solo una promesa comercial. Era una responsabilidad.
La historia continuó como Industria de Resinas.
En 2010 nació Industria de Resinas, conservando uno de sus activos más valiosos: la marca Poliescol, sus líneas y sus productos.
Esta nueva etapa incluyó una renovación de imagen, el traslado de maquinaria a una nueva sede principal y la continuidad de la calidad que había acompañado a la compañía durante décadas.
En medio de los cambios, la familia reconoce que fue Dios quien permitió preservar la marca, el conocimiento, los productos y el camino construido durante tantos años.
Cambió la etapa. Dios permaneció fiel.
Durante 57 años, Dios ha sostenido esta empresa y ha provisto las personas, el conocimiento, los recursos y las oportunidades necesarias para continuar.
Cada etapa ha exigido trabajo, decisiones y perseverancia. Al mirar atrás, reconocemos que no hemos llegado hasta aquí solos.
Hasta aquí nos ha ayudado Dios.
Una historia que sigue avanzando.
Hoy, Poliescol desarrolla soluciones para los sectores automotriz, arquitectónico y de fibra de vidrio, conservando el espíritu de trabajo, evolución y cercanía con el que comenzó.
Seguimos trabajando con la conciencia de que todo lo que tenemos proviene de Dios y debe ponerse al servicio de las personas, los negocios y las comunidades con las que nos relacionamos.
Servir, cuidar y hacer bien las cosas también forman parte de nuestra manera de construir empresa.
Cristo Jesús en el centro.
Poliescol reconoce a Dios como la fuente de todo lo que ha recibido. Los recursos, las oportunidades, el conocimiento, las personas y la capacidad de continuar han sido expresión de su provisión y fidelidad.
Cristo Jesús es el centro que orienta nuestra manera de servir, trabajar, relacionarnos y construir empresa. Deseamos honrar su nombre haciendo las cosas con integridad, responsabilidad, excelencia y amor por las personas.
No atribuimos esta historia únicamente a nuestras fuerzas. Reconocemos que Dios ha sido quien nos ha sostenido desde el comienzo y quien nos permite seguir avanzando.
A Él sea toda la gloria.
Lo que hemos recibido, lo que hemos construido y lo que todavía está por venir pertenece a Dios.
Dios nos ha sostenido. Nuestro compromiso es seguir honrándolo.
Después de 57 años, continuamos trabajando para servir con excelencia, respaldar a nuestros clientes y administrar responsablemente todo lo que Dios ha puesto en nuestras manos.
Poliescol es una historia de provisión, trabajo y confianza. Toda la gloria es para Dios.
Queremos que formes parte de nuestra historia.
Cada cliente, taller, distribuidor, profesional y aliado que confía en Poliescol se convierte en parte de un camino que seguimos construyendo con propósito, excelencia y gratitud a Dios.
La historia continúa, y queremos construir lo que sigue junto a ti.
